
A veces me da la impresión de que los hombres tememos que las mujeres lleguen a un estado en la cual seamos prescindibles. Si fuera así sería principalmente por culpa nuestra por no habernos conectado a ellas de la mejor forma y hacernos de esa forma algo menos prescindibles. Se ha pecado mucho de un machismo retrógrado en la cual, veinte siglos después del nacimiento de Cristo, y millones y millones de años luego de la aparición del hombre, no se ha podido superar y en muchos casos se esconde sigilosamente. Pero también me da la impresión que quienes han colaborado históricamente para la perpetuación de este dominio machista ha sido precisamente quienes sufren por ello: las mujeres.
Obviamente que al decir "las mujeres" no incluyo a todas por igual, hay casos, y muchos, en donde estas han sabido darse su lugar y evolucionar de tal forma que por eso mismo, esos hombres se sientan cada vez mas inservibles y menos útiles. Pero a veces también se cae en excesos. Decir que todos hombres son "una basura" "todos son iguales" o "no sirven para nada", tampoco es lo más objetivo ni sano para una convivencia, no solamente porque biológicamente si no hubieran existido hombres con espermatozoides ni mujeres con ovulos y vientre para concebir, no hubiese existido convivencia y no se hubiese perpetuado la raza humana, sino porque si hay algo más placentero y bello que el compartir.
El problema es que a veces creemos que la pareja con la que nos casamos tiene que ser una extensión nuestra en versión "otro género", osea en mi caso una Luisa con vagina con los mismos gustos y que reaccione como estoy seguro hubiera reaccionado yo. O también esperamos que la persona con la que nos juntemos sea tal cual la persona como la vista en spot de tv o en la última película o novela romántica en la cual derramé lágrimas. Pues no nos damos cuenta que ni existe una persona igual a mi en versión "otro género" ni tampoco que existe una vida, como en las películas o novelas que dure 2 horas o 400 páginas.
La persona con la que nos juntamos es algo o mucho de diferente a nosotros pero justamente por ello la hace más especial y enriquecedora. Porque ninguno de nosotros somos perfectos y todos tenemos carencias por cubrir y ahí tenemos a la otra persona, diferente o parecida, pero nunca igual. Una persona que logra cubrir en parte o en todo esos vaciós y que nos hace más fuertes e inteligentes. A veces deseamos que nuestros sueños se hagan realidad cuando lo que debemos esperar es que la realidad se nos haga un sueño pero eso solo llega cuando entendamos que la otra persona es tan de carne y hueso como nosotros, que tiene carencias, que tiene virtudes, que tiene problemas, que tiene un cuerpo y que por eso mismo, vale igual que yo. Que no existe hombre por encima de la mujer ni mujer encima de un hombre que existen dos géneros, diferentes pero complementarios a la vez. Y ahí está lo rico de la convivencia, como cuando dos colores principales se unen y dan forma a otro gran color, cuando un azul y un amarillo de juntan, para perder algo de sus propiedades y darle forma a un nuevo color igual de bello, el verde.
A veces no queremos comprender lo rico que es compartir en igualdad y aceptar al otro como un otro legítimo en la convivencia. Es cuando aparece el egoismo de género cuando se rompe una comunicación, es cuando no comprendemos ni aceptamos que la otra persona no solo es un pedazo de piel sino es un ser integral, con piel, emociones, sentimientos, cuando dejamos de respetar y querer a la otra persona. Porque cuando uno quiere unirse a otra persona y quiere unirse para siempre, es unirse en todo, en cuerpo, en alma, en espíritu.
Yo me uní hace más de un año con una Eva y fruto de ese amor nació una Evita dulce y pequeñita y no saben lo maravilloso que es compartir con una mujer tu vida, como estoy seguro que muchas también disfrutarán lo maravilloso que es unirse con algún Adán, felicidades y ¡¡Que viva la convivencia¡¡
Obviamente que al decir "las mujeres" no incluyo a todas por igual, hay casos, y muchos, en donde estas han sabido darse su lugar y evolucionar de tal forma que por eso mismo, esos hombres se sientan cada vez mas inservibles y menos útiles. Pero a veces también se cae en excesos. Decir que todos hombres son "una basura" "todos son iguales" o "no sirven para nada", tampoco es lo más objetivo ni sano para una convivencia, no solamente porque biológicamente si no hubieran existido hombres con espermatozoides ni mujeres con ovulos y vientre para concebir, no hubiese existido convivencia y no se hubiese perpetuado la raza humana, sino porque si hay algo más placentero y bello que el compartir.
El problema es que a veces creemos que la pareja con la que nos casamos tiene que ser una extensión nuestra en versión "otro género", osea en mi caso una Luisa con vagina con los mismos gustos y que reaccione como estoy seguro hubiera reaccionado yo. O también esperamos que la persona con la que nos juntemos sea tal cual la persona como la vista en spot de tv o en la última película o novela romántica en la cual derramé lágrimas. Pues no nos damos cuenta que ni existe una persona igual a mi en versión "otro género" ni tampoco que existe una vida, como en las películas o novelas que dure 2 horas o 400 páginas.
La persona con la que nos juntamos es algo o mucho de diferente a nosotros pero justamente por ello la hace más especial y enriquecedora. Porque ninguno de nosotros somos perfectos y todos tenemos carencias por cubrir y ahí tenemos a la otra persona, diferente o parecida, pero nunca igual. Una persona que logra cubrir en parte o en todo esos vaciós y que nos hace más fuertes e inteligentes. A veces deseamos que nuestros sueños se hagan realidad cuando lo que debemos esperar es que la realidad se nos haga un sueño pero eso solo llega cuando entendamos que la otra persona es tan de carne y hueso como nosotros, que tiene carencias, que tiene virtudes, que tiene problemas, que tiene un cuerpo y que por eso mismo, vale igual que yo. Que no existe hombre por encima de la mujer ni mujer encima de un hombre que existen dos géneros, diferentes pero complementarios a la vez. Y ahí está lo rico de la convivencia, como cuando dos colores principales se unen y dan forma a otro gran color, cuando un azul y un amarillo de juntan, para perder algo de sus propiedades y darle forma a un nuevo color igual de bello, el verde.
A veces no queremos comprender lo rico que es compartir en igualdad y aceptar al otro como un otro legítimo en la convivencia. Es cuando aparece el egoismo de género cuando se rompe una comunicación, es cuando no comprendemos ni aceptamos que la otra persona no solo es un pedazo de piel sino es un ser integral, con piel, emociones, sentimientos, cuando dejamos de respetar y querer a la otra persona. Porque cuando uno quiere unirse a otra persona y quiere unirse para siempre, es unirse en todo, en cuerpo, en alma, en espíritu.
Yo me uní hace más de un año con una Eva y fruto de ese amor nació una Evita dulce y pequeñita y no saben lo maravilloso que es compartir con una mujer tu vida, como estoy seguro que muchas también disfrutarán lo maravilloso que es unirse con algún Adán, felicidades y ¡¡Que viva la convivencia¡¡

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